12/7/11

LECTURAS EN EL ESTÍO

Es una presunción por mi parte recomendar la lectura de algún libro. Pero me atreveré previa advertencia de que en toda recomendación se deslizan, como un par de culebras, las apetencias y experiencias de quien la hace.

Si quieren ficción de altura al tiempo que una historia que les regocije “Elogio de la madrastra” es la obrita que necesitan. Se trata de una novela erótica, de pequeña factura, cuyo autor es el laureado Vargas Llosa. Hay una segunda entrega, deliciosa: “Los cuadernos de don Rigoberto”. Un párrafo breve quizás sirva para abrir boca. Dice así: “Pronto estaremos entreveradas, retozando en la seda sibilante de la manta azul, absortas en la embriaguez de la que brota la vida. El bosque nos oirá suspirar, desmayándonos, y, de repente, gritar heridas de muerte. Y nos verá irnos adormeciendo en un sueño apacible todavía sin desenredarnos.”

Si en lugar de ficción literaria prefieren el ensayo y empaparse de sociología en estado puro, no es mala idea aprender de la obra escrita de consuno entre Lipovetsky y Serroy “La cultura-mundo”. Aquí se describen las potencialidades, los agujeros y las contradicciones de la época que nos ha tocado vivir. ¿Un párrafo a modo de reclamo? Éste, por ejemplo: “La crisis que sacuden los mercados financieros encontrarán seguramente nuevas medidas de regulación para remediarlas, pero en nuestro presente no vemos que haya nada capaz de poner freno a la expansión del capitalismo globalizado. No queda más que el mercado competitivo que se impone al mundo como único sistema económico.”

Si a pesar del gozo vacacional usted no desea perderle el hilo a la realidad (aún más: zambullirse en ella y regresar pringado de barro, pero más consciente de sí mismo y de todo cuanto le rodea), Eric Fromm escribió hace décadas el libro adecuado: “Ética y psicoanálisis”. Ya sé que el título asusta y pone los vellos de punta. De hecho, es uno de esos libros raros que versan sobre asuntos trascendentales aunque explicados con lenguaje accesible. A poco que el lector se esfuerce comprenderá que nos regimos por esquemas de conducta absolutamente erróneos. ¿Un parrafito? Ahí va: “El hombre moderno quiere naturalmente ser aceptado por sus compañeros; pero el hombre moderno quiere ser aceptado por todos y por esta razón tiene el temor de diferir -en su pensar, sentir y actuar- del patrón cultural.”

¿Y por qué no romper de una vez ese marchito patrón cultural? ¿Y por qué no empezar por la idea de dios omnipotente y sus perversas ramificaciones? Detenga, ipso facto, toda búsqueda afanosa de pretextos y déjese permear hasta la médula por los argumentos críticos y decididamente deicidas de “Tratado de atelogía”, del filósofo francés Michel Onfray. ¿Parrafito-aperitivo? El siguiente: “Sabemos que los animales no tienen dios. Libres de religión, ignoran el incienso y la hostia, las genuflexiones y los rezos, no los vemos extasiados ante los astros o los sacerdotes, no construyen catedrales, ni templos, nunca los sorprendemos dirigiendo invocaciones a obras de ficción. Pues únicamente los hombres inventan mundos subyacentes, dioses o un solo dios; sólo ellos se prosternan, humillan y rebajan.”

He de decir, para finalizar, que este último libro es el preferido de Pitu, mi gato romano. Un auténtico gamberro que ahora dormita, dichoso, recostado sobre un puñado de sentencias del Tribunal Supremo acerca de cesiones ilegales de trabajadores y unos artículos periodísticos que explican el concepto de "prima de riesgo", la crisis del euro (-pa) y el rescate financiero que se nos avecina.

1 comentario:

Bárbara dijo...

..Qué sería de ti,sin Pitu!!!!
valen las recomendaciones....